2 de febrero de 2009

Doctor, doctor.

Cada vez que me preguntaban por mi futuro profesional respondía lo mismo: “Yo de mayor quiero ser doctora”. Ni artista, ni astronauta, ni payasa. Doctora con bata blanca y pendientes de perlas finas.
La mejor mamá no podía ser profesora, no. Tenía que ser lo más de lo más. Salvavidas. Mis hijos antes de nacer ya iban a estar orgullosos de mí y yo me iba a encargar personalmente de ello.
Pues bien, hasta que llegara el momento de tener pareja, plantearme el tener hijos, que éstos nacieran y tuvieran capacidad suficiente para reconocer mi éxito alguien tendría que estar orgullosa de mí. Y le tocó a mi madre. Me propuse agradarla en todo. Fui la mejor hija, la mejor persona, la mejor estudiante y con la mejor profesión que yo consideraba en ese momento. Estudié y estudié aún sin ganas por llegar a esa meta pero algo o alguien se interpuso en mi camino. No sé exactamente cómo ni cuándo fue pero cambié. Y gracias. Empecé pasito a pasito a reconducir mi vida, pero esta vez sin intentar agradar a nadie.

Si las cosas van bien acabaré enfermería. Cuando empecé aún pensaba que iba a ser una frustración el tener que compartir mi vida laboral con lo que hacía algún tiempo había sido mi sueño. Pero tuve suerte. El destino o mi propia forma de actuación provocaron ese cambio de planes.

Soy feliz con el resultado obtenido y poco a poco consigo agradarme sólo a mi misma y hacer las cosas por voluntad propia. No lo he conseguido del todo pero no pierdo la esperanza.

31 de enero de 2009

Buenos días.


Me voy de paseo.



Fotógrafa: E. La Moderna.

Mi amiga

Ella es ella. Muy ella.
A veces fría como el hielo y otras más caliente que el caldo recién servido en la mesa.
Pero ya es parte de mí. Y yo de ella.
La quiero en mi vida porque sí. Porque me hace sentir especial y me hunde para que el siguiente no me haga daño. O menos daño.
Ella está presente en mí, en mi forma de ser. Presente en mi pared colgada en fotografías de amor en blanco y negro. Presente en los bolsillos de todas aquellas prendas que compré o distraje con ella. Presente en mi presente. Y por eso no la puedo dejar escapar. Ni quiero dejarla escapar.
Es mi mejor amiga, mi confidente. Mi mano derecha, mi izquierda y a veces mi cabeza.
Mi calvario cuando ella quiere o yo lo merezco y mi trocito de cielo cuando me compra golosinas.

Te quiero.


(Echaba de menos este empalagosismo, sí.)

27 de enero de 2009

Menú del día

Y pospongo el tiempo hasta que se vuelve irreversible. Me entretengo con los juegos más absurdos para no hacer frente a la realidad. Debo y no quiero. Cierro los ojos y me repito que ya habrá tiempo para retomarlo. Pero no. Cada vez que se retoma algo, cuesta el doble que la última vez. Pero no escarmiento. Miro a un lado y al otro buscando algo que hacer y todo me parece divertido. Pura y cruel responsabilidad. Sólo te pone en la mesa un primer plato de obligación, y encima sin pan. A palo seco. Y de postre, nada. Nada dulce y con pepitas de colores. Menú insípido.
La responsabilidad viene y se aloja en pensión completa. Y viene para quedarse.

¿Alguien la quiere?

Sus luces y mis sombras.

Y miro a través de mi ventana esas luces que desaparecen con movimientos uniformes. Unas detrás de las otras, como con prisa por llegar a su destino. Yo, sombra de mi propia luz evito ese movimiento. No quiero moverme. Este lado, esta perspectiva, es mucho más plácida y segura. Me da miedo incluso pensarlo. Y dejo de hacerlo. Para qué.

21 de septiembre de 2008

Pero te guardaré en mi cajita de recuerdos

Mil veces he tenido que toser para sacarte, espinita. La herida duele al tragar, pero peor es sentirte dentro de mí como algo que no me pertenece.

Principio de la primera de parte


Nací en un día lluvioso, según me han contado. La prematuridad y esa pequeña deformación posteriormente corregida me conferían un aspecto un tanto extraño. Mi madre lloraba. Igual que las nubes.