Ella es ella. Muy ella.
A veces fría como el hielo y otras más caliente que el caldo recién servido en la mesa.
Pero ya es parte de mí. Y yo de ella.
La quiero en mi vida porque sí. Porque me hace sentir especial y me hunde para que el siguiente no me haga daño. O menos daño.
Ella está presente en mí, en mi forma de ser. Presente en mi pared colgada en fotografías de amor en blanco y negro. Presente en los bolsillos de todas aquellas prendas que compré o distraje con ella. Presente en mi presente. Y por eso no la puedo dejar escapar. Ni quiero dejarla escapar.
Es mi mejor amiga, mi confidente. Mi mano derecha, mi izquierda y a veces mi cabeza.
Mi calvario cuando ella quiere o yo lo merezco y mi trocito de cielo cuando me compra golosinas.
Te quiero.
(Echaba de menos este empalagosismo, sí.)
Commuter series I
Hace 6 meses

1 comentario:
Hay días en los que te levantas por la mañana con la espalda hecha un siete, después de haber dormido 4 horas solamente a pesar de que no tenías que hacer nada. Pero te acuestas tarde porque de pronto a las 5 de la mañana decides llamar por teléfono. Y te lo cogen. Y hablas y hablas y hablas sin parar. Y quieres y quieres y quieres sin parar.
Entonces te das cuenta de que siempre hay alguien que responda, a pesar de que haya exámenes de por medio. A pesar de que llueva y retruene. A pesar de que haya algo en cualquier lugar de España que la distraiga más. Siempre responde.
Y eso me gusta.
Vamos, que me gustas tú a mí. Que me pongo muy HOT. Oye, tía. Que te amo.
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