Ella es ella. Muy ella.
A veces fría como el hielo y otras más caliente que el caldo recién servido en la mesa.
Pero ya es parte de mí. Y yo de ella.
La quiero en mi vida porque sí. Porque me hace sentir especial y me hunde para que el siguiente no me haga daño. O menos daño.
Ella está presente en mí, en mi forma de ser. Presente en mi pared colgada en fotografías de amor en blanco y negro. Presente en los bolsillos de todas aquellas prendas que compré o distraje con ella. Presente en mi presente. Y por eso no la puedo dejar escapar. Ni quiero dejarla escapar.
Es mi mejor amiga, mi confidente. Mi mano derecha, mi izquierda y a veces mi cabeza.
Mi calvario cuando ella quiere o yo lo merezco y mi trocito de cielo cuando me compra golosinas.
Te quiero.
(Echaba de menos este empalagosismo, sí.)